19 jul 2011

Más allá del feminismo, más allá del género


A fin de crear una revolución que pueda poner fin a todo tipo de dominación, es necesario acabar con las tendencias a las que todxs nos vemos sometidxs. Esto requiere que seamos conscientes del papel que esta sociedad nos impone y busquemos sus puntos débiles, con el objetivo de descubrir sus límites y traspasarlos. La sexualidad es una expresión esencial de los deseos y las pasiones individuales, de la llama que puede encender tanto el amor como la revuelta. Así puede ser una fuerza importante de los deseos de cada unx de nosotrxs, que puede alzarnos más allá de la masa cómo seres únicos e indomables.

El género, por otro lado, es un intermedio construído por el orden social para inhibir la energía sexual, enclaustrarla y limitarla, direccionándola hacia la reproducción de este orden y sumisión. De esta manera se convierte en un impedimento del intento de decidir libremente cómo queremos vivir y relacionarnos. No obstante, hasta ahora al hombre se le ha concedido mayor libertad para hacer su voluntad dentro de estos roles que a la mujer, lo que explica de forma bastante razonable porque hay más anarquistas revolucionarios y gente que actúa fuera de la legalidad que son hombres y no mujeres. Las mujeres que han sido fuertes, que se han rebelado lo han sido porque ha sobrepasado su feminidad. Lamentablemente el Movimiento de Liberación de la Mujer(MLM)que surgió en los sesenta, no prosperó en el desarrollo de un análisis profundo de la naturaleza de la dominación en su totalidad y del papel jugado por el género en su reproducción.

Un movimiento que apareció ante la necesidad de liberarnos de los roles de género para ser así individuos completos y autosuficientes, fué transformado en una especialización como la mayor parte de las luchas parciales de la época. Grantizando de ésta manera la imposibilidad de llevar a cabo un análisis global dentro de este contexto. Esta especialización es el feminismo actual, que comenzó desarrollándose fuera del MLM a finales de los años sesenta. Su objetivo no era tanto la liberación de la mujer como individualidad de los límites impuestos por los papeles asignados a su género, como la liberación de la "mujer" como categoría social. Junto a las corrientes políticas principales, ese proyecto consistió en obtener derechos, reconocimiento y protección para las mujeres como categoría social, reconocida conforme a la legislación.

En teoría, el feminismo radical se movió más allá de la legalidad con el objetivo de liberar a las mujeres como una categoría social, de la dominación masculina. Dado que la dominación masculina no es explorada suficientemente como parte de la dominación total(inclusive por las anarcofeministas) la retórica del feminismo radical, frecuentemente adquiere un estilo similar al de las luchas de liberación nacional. Pero a pesar de las diferencias en el método y la teoría, la práctica del feminismo liberal(burgués, principalmente) y el feminismo radical a menudo son coincidentes. Esto no es casualidad. La especialización del feminismo radical consiste en centrarse por completo en los sufrimientos de la mujer a manos del hombre. Si esta catalogación fuese alguna vez completada,la especialización no sería durante más tiempo necesaria y habría llegado el momento de trasladarse más allá de la lista de ofensas sufridas, hacia un intento real y actual de analizar la naturaleza de la opresión de la mujer en esta sociedad, y llevar a cabo acciones reales y muy meditadas para acabar con esta opresión. Así que el mantenimiento de esta especialización requiere que las feministas amplíen este catálogo al infinito,incluso hasta el punto de dar explicaciones por las acciones opresivas llevadas a cabo por mujeres en puestos de poder, como expresiones de poder patriarcal, y así de esta manera liberaría a estas mujeres de las responsabilidades de sus acciones.

Cualquier análisis serio de las complejas relaciones de dominación, como de las que existen actualmente, es dejado de lado a favor de una ideología en la cual el hombre domina y la mujer es victima de esta dominación.Pero la creación de una identidad en base a la propia opresión, sobre la victimización sufrida,no proporciona la fuerza o la independencia. En lugar de esto crea una necesidad de protección y seguridad que eclipsa el deseo de libertad e independencia. En el reino de lo teórico y psicológico, una abstracta y universal "hermandad femenina" puede encontrar esta necesidad, pero a fin de sumistrar una base para esta hermandad, de "mística feminidad", la cuál fué expuesta en los años setenta como una construcción cultural que apoya la dominación masculina, es revivida en forma de espiritualidad de mujer, culto a la diosa y otra variedad de ideologías feministas. El intento de liberar a la mujer como una categoría social alcanza su apoteosis en la creación de los roles del género femenino en el nombre de elusiva solidaridad del género. El hecho de que muchas feministas radicales hayan recurrido a policías, tribunales, y otros programas estatales de protección de mujeres (imitando así al feminismo burgués) sólo sirve para subrayar la falsa naturaleza de la "hermandad" que proclaman. A pesar de que ha habido intentos de moverse más allá de estos límites dentro del contexto feminista, esta especialización ha sido su mejor definición durante tres décadas. En la forma en que ha sido practicada, ha fallado al presentar un desafío revolucionario tanto contra el género como contra la dominación.

El proyecto anarquista de liberación global nos llama a movernos más allá de estos límites hasta el punto de atacar al género en sí mismo, con el objetivo de convertirnos en seres completos, definibles no como un conglomerado de identidades sociales, sino cómo únicos y completos individuos. Es un estereotipo y un error afirmar que los hombres y las mujeres han sufrido iguales opresiones dentro de sus roles de género. Los roles del género masculino han permitido al hombre una gran libertad de acción para la afirmación de la propia voluntad. Por ello la liberación de la mujer de sus roles de género no consiste en ser más masculina sino más bien en ir más allá de su feminidad. Así para los hombres la cuestión no es ser más femenino sino en ir más allá de su masculinidad. La cuestión es descubrir que el centro de la unicidad está en cada unx de nosotrxs, va más allá de todos los roles sociales y de la forma en que cada unx actúa, vive y piensa en el mundo, tanto en el dominio sexual como en todos los otros.

Separar el género en función de la sexualidad, desde la totalidad de nuestro ser, fijando características específicas según el género al que petenezca, sirve para perpetuar el actual orden social. Como consecuencia de ello la energía sexual, que podría ser un extraordinario potencial revolucionario, es encauzada hacia la reproducción de las relaciones de dominación y sumisión, de dependencia y desesperación. La miseria que esto ha producido y su explotación comercial esta por todos lados. La inadecuada llamada de la gente a "abrazar tanto la masculinidad como la feminidad" cae en la falta de análisis sobre estos conceptos, ya que ambos son invenciones sociales que sirven a los propósitos del poder. Así que, cambiar la naturaleza de los roles del género, aumentar su número o modificar su forma, es inútil desde una perspectiva revolucionaria, ya que sólo sirve para ajustar mecánicamente la forma de los conductos que canalizan nuestra energía sexual. En lugar de esto, necesitamos reapropiarnos de nuestra energía sexual para integrarla en la totalidad de nuestros seres a fin de hacernos tan enterxs y poderososx como para explotar cada conducto e inundar el terreno de la existencia con nuestro ser indómito. Esto no es una tarea terapéutica, sino una revuelta insolente -una que emane desde nuestra fuerza y nuestra negativa a retroceder. Si nuestro deseo es destruir toda dominación, entonces es necesario que nos movamos más allá de todo lo que nos reprime, más allá del feminismo y más allá del género, porque aquí es donde encontramos la capacidad de crear nuestra indomable individualidad que nos conducirá contra toda dominación sin vacilación. Si deseamos destruir la lógica de la sumisión, éste debe ser nuestro mínimo objetivo.

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