26 ene 2010

4 de Enero Tortura bajo la Acrópolis


Dos oficiales y tres agentes de policía de la comisaría de la Acrópolis han sido detenidos en relación a las torturas a un hombre ingresado el hospital.

Cinco policías (dos oficiales y tres “agentes especiales”) han sido arrestados por torturar a un hombre chileno de treinta años después de que éste pidiera poder ponerse en contacto con su abogado.


Dos oficiales y tres agentes de policía de la comisaría de la Acrópolis han sido detenidos en relación a las torturas a un hombre ingresado el hospital.

Cinco policías (dos oficiales y tres “agentes especiales”) han sido arrestados por torturar a un hombre chileno de treinta años después de que éste pidiera poder ponerse en contacto con su abogado. Los policías arrestados alegan que el detenido trató de escapar y que las heridas en torso y piernas por las que está ingresado son el resultado de sus esfuerzos por contenerlo. El hombre torturado ha recibido la visita del Secretario del Ministerio de Orden Público y el Jefe de Policía, un paso humanitario sin precedentes en este infame sector del gobierno. Además, el ministro de Orden Público ha condenado la tortura, añadiendo que “envía un mensaje claro a todos los trabajadores uniformados […] el abuso de poder, la tortura y la humillación de la dignidad humana es una señal de barbarie”, avisando de que los policías que no respeten la constitución serán expulsados del cuerpo y “castigados de manera ejemplar”. El paso de arrestar a los policías no tiene precedente en un país donde la tortura a los inmigrantes es algo endémico y ningún agente ha sido nunca sujeto de medidas disciplinarias, y ni hablar de medidas judiciales.

En efecto, el arresto de los cinco policías y el ascenso del caso de tortura a los titulares marca un giro interesante en la política del gobierno socialista, cuya promesa de erradicar la arbitrariedad y la brutalidad policiales hasta ahora no ha sido más que palabrería. Tal política podría ser tanto un paso para integrar a la fuerza policial en la normalidad socialdemócrata (a imagen de la desjuntación* de la policía entre 1981 y 1983) purgando a los individuos de extrema derecha, como una poderosa arma propagandística dirigida a la vasta mayoría de la gente que no confía en la policía, así como a la izquierda que ha exigido una limpieza general inmediata, si no desarme, del cuerpo desde la Revuelta. El sentimiento antipolicial es un principio central que une a diversos sectores del descontento social (desde trabajadores a alumnos, pasando por agricultores e inmigrantes) en el país, y es visto por el gobierno como un gran obstáculo para lograr el consenso social, la llamada “unidad nacional” en vistas a las radicales y muy probablemente antipopulares reformas planeadas para la recuperación económica de las finanzas estatales en los próximos meses.


*de-juntaization en inglés en el original. Se refiere a la expulsión de la policía de los elementos ultraderechistas de la Junta de los Coroneles (¿desfascistización?) (N. del T.)



Extraído de Klinamen

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