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22 nov 2011

Buenaventura Durruti


Ya en 1931, una pluma nada sospechosa de simpatía hacia el anarquismo, Ilya Ehremburg, escribía sobre él: «Era un obrero metalúrgico que había luchado en las barricadas. Luego, asaltado bancos, arrojado bombas y secuestrado jueces. Antes había sido condenado a muerte tres veces: en España, en Chile, en Argentina. Ha pasado por innumerables cárceles y ha sido expulsado de ocho países. Ningún escritor se propondría narrar la historia de su vida: ésta se parece demasiado a una novela de aventuras».

Nació en León en 1896, su padre le llevó siendo todavía muy joven a trabajar de aprendíz de mecánico con Melchor Mártinez, un socialista destacado de su ciudad natal que aseguró a su padre que haría de él un buen mecánico, “pero también un buen socialista”. En 1912, Durruti ingresó en la UGT, pero no tardaría en sentirse incómodo ante la moderación de la socialdemocracia. Después de abandonar el taller, trabajó como montador de lavaderos de carbón y pronto se vió envuelto en la lucha de unos mineros que pugnaban por expulsar a un ingeniero antiobrero. Entre todos lograron echarlo. Durante la huelga general de 1917, Durruti desplegó una intensa actividad, contribuyendo a la quema de locomotoras y al levantamiento del tendido de las vías de los trenes lo que conllevó el despido de la empresa, así como a ser buscado por la guardia civil que lo tenía fichado. También fué expulsado de la UGT, por su radicalismo.

Después de ingresar de la CNT, Durruti huyó a Francia, para volver a efectuar diferentes misiones de agitación hasta que fué detenido por la guardia civil y trasladado a San Sebastián, sometido a un Consejo de Guerra y encarcelado, pero logró evadirse. En 1920 se encuentra en Barcelona. Por aquella época organiza el grupo llamado «los justicieros», cuyo terreno de acción se repartía entre Aragón y Guipúzcoa. Una de las misiones que se plantearon fue la ejecución de Alfonso XIII que debía de asistir a la inauguración del Gran Kursaal de San Sebastián, pero el intento fracasó por una denuncia. En 1921 pasa por Andalucía trabajando en una campaña de propaganda anarquista. El 9 de marzo, un día después del asesinato de
Eduardo Dato, fué detenido en Madrid, pero logró engañar a la policía y escapar a Barcelona; se ignora su grado de participación en el atentado.

Con el mismo grupo que se llamará también «Crisol» organiza una respuesta a la violencia gangsteril de la patronal catalana. En esta pequeña guerra civil de clases, el grupo se cohesiona con militantes que serán futuros cuadros cenetistas: Francisco Ascaso, Juan García Oliver, Miguel García Vivancos, Ricardo Sanz, etc. El acto más célebre perpetrado por el grupo será el atentado contra el reaccionario Cardenal-arzobispo de Zaragoza, Juan Soldevila, que según Pío Baroja:
«conferenciaba en Reus con los jefes de la patronal de Barcelona y les daba consejos para atacar a la organización sindicalista obrera». Otro acto espectacular fué el atraco a mano armada del Banco de España de Gijón, Durruti logró huír y días más tarde liberar a su compañero Ascaso que se encontraba en prisión. Con éste se marcha a Francia, donde ambos organizaron con otros anarquistas «La Editorial Anarquista Internacional».

Poco antes de concluír 1924, los dos embarcaron hacia Latinoamérica. Sus actividades revolucionarias les llevaron a Cuba, donde ejecutaron a un patrón particularmente odiado, luego a México, Uruguay, Chile, Perú, Argentina. En una ocasión, necesitados de seis millones de pesetas para conseguir la libertad de 126 anarquistas, inician una serie de asaltos a casas bancarias que comienza en España, con el Banco de Cataluña, siguen en México y luego por los países del Pacífico, asientan sus bases en Chile, donde obtuvieron un buen botín, llegan a la Argentina, donde asaltan el Banco de San Martin, cruzan el Río de la Plata, llegan a Montevideo donde realizan otros asaltos con éxito.En sus actuaciones siempre había un trasfondo idealista y antiburgués, su violencia nunca fué gratuíta.

De regreso a Europa, al poco tiempo se encontraban en París donde conoció a Majno, que le causó una honda impresión. De nuevo trató inútilmente de asesinar a Alfonso XIII. Fueron detenidos por la policía francesa y una multitud de gobiernos, empezando naturalmente por el de Primo de Rivera, exigieron su extradición. No obstante, una importante campaña de solidaridad lo impidió, y en 1927 consiguió un indulto. Durruti por entonces tenía una compañera, Emilienne Morin, que no le abandonará nunca y con la que tendrá una hija.

Durruti se afilió a la FAI y se convirtió en su militante de base —siempre rechazó los cargos—. En los primeros años de la II República, fué uno de los inspiradores de la línea llamada de la «gimnasia revolucionaria» que lo llevaron a actuar en diversas insurrecciones locales en Cataluña hasta que fué detenido por los acontecimientos revolucionarios del Alto Llobregat y deportado a la Guinea llamada española, pero no fueron aceptados por el gobernador y se quedaron en Fuerteventura (Canarias). Fué liberado inmediatamente, y se dedicó a preparar una insurrección para principios de 1933, cuyo acto más conocido sería el de Casas Viejas. El fracaso hizo mella en su ánimo, consideró que «las condiciones no estaban maduras, aunque también es cierto que estamos atravesando un período revolucionario y no podemos permitir a la burguesía que domine la situación haciéndose fuerte desde el Estado». Su finalidad no era una revolución encabezada «por una minoría que después impondrá su dictadura al pueblo», y veía «el sistema capitalista y estatal, herido de muerte tras el levantamiento de los mineros del Alto Llobregat».

Continúa sus actividades hasta que es nuevamente detenido cuando formaba parte del Comité Nacional Revolucionario que preparaba un alzamiento -ajeno a la Huelga General que preparó la Alianza Obrera-, contra el gobierno radical-cedista. Liberado en víspera de las jornadas de julio de 1936 aboga por la unidad revolucionaria contra el fascismo. Durante estas jornadas, Durruti fué uno de los que animarpn la ocupación del cuartel de Atarazanas, y también uno de los del "petit comité" que se negó a asumir las responsabilidades de un poder revolucionario y apoyó la entrega de las riendas del gobierno catalán a Companys, contra el que había luchado en tantas ocasiones.

Forma parte del Comité Central de las Milicias Antifascistas y crea la legendaria «Columna Durruti» al frente de la cual asume tareas militares marchando hacia el Frente de Aragón, y más tarde, al de Madrid. Allí se distingue por su arrojo hasta que muere en condiciones dudosas. Su muerte es uno de los grandes enigmas de la guerra civil. Las hipótesis van desde el torpe accidente hasta un atentado estalinista, pasando por una traición dentro de sus propias filas, o una bala perdida de los fascistas. En este cuadro se inserta una polémica sobre la naturaleza de sus posiciones políticas. Para unos, Durruti se había plegado a las posiciones de la dirección de la CNT-FAI y había proclamado que había que renunciar a todo —la revolución menos a la a victoria —militar—; mientras que para otros, que se apoyan en sus declaraciones al periodista Van Passen del Star, de Toronto. En estas, Durruti sigue fiel a sus posiciones habituales, se pronuncia radicalmente desconfiado de la ayuda exterior —potencias democráticas, URSS— y del propio gobierno republicano «que podría necesitar estas fuerzas rebeldes para aplastar el movimiento de los trabajadores». Preconiza la revolución y afirma:
«…Somos nosotros los que hemos construido estos palacios y estas ciudades aquí en España y en América y en todas partes. Nosotros, los trabajadores, podemos construir otras en su lugar y mejores. No nos asustan las ruínas. Vamos a heredar la tierra, no nos cabe la menor duda. Que la burguesía haga trizas y arruíne su propio mundo antes de abandonar la escena de la Historia. Nosotros llevamos un mundo en nuestros corazones. Ese mundo está creciendo en estos instantes».

Su entierro, celebrado en Barcelona, reunió a una impresionante multitud, se dice que es el entierro mas multitudinario que se ha visto en la ciudad condal, calculándose que acudiero más de millón y medio de personas. Su leyenda de gigante ha ido creciendo como una bola de nieve.

-Entre sus biografías, la más conocida es la de Abel Paz quién también será coautor del guión de la vibrante película documental Durruti en la revolución española (Paco Ríos, 1998).
-Otro film documental, Buenaventura Durruti, anarquista, fue dirigido por Jean Louis Comolli, y contó con la colaboración de Albert Boadella y Els Joglars.
-Durruti también será evocado en Libertarias (1996), de Vicente Aranda.
-También destaca el "collage" escrito por el ensayista germano Hans Magnus Enzensberger, El corto verano de la anarquía (Anagrama, Barcelona, 1998), sobre la que Pasolini escribiría que «Enzensberger ha dado una extraordinaria lección a los historiadores profesionales: ha inaugurado,
nada menos, un método nuevo, ¡Vaya con el collage! La Historia sólo puede ser entendida si es interrogada desinteresadamente».
-Joan Llarch escribió La muerte de Durruti (Plaza&Janés, 1979).
-Edmundo Marculata efectuó una edición propia de su inquisitiva Las seis muertes de
Durruti
(Barcelona, 1984).
-También Miquel Amorós le dedica un estudio historiográfico, centrado en las encrucijadas en las que Durruti, y en definitiva todos los libertarios, se vieron envueltos durante la Guerra Civil en Durruti en el laberinto(Muturreko burutazioak,2006).
-La novela policíaca "El hombre que mató a Durruti", de Pedro Paz, es también muy recomendable.


Pepe Gutiérrez
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3 oct 2011

Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista. La revuelta olvidada


Los GARI fueron unos grupos autónomos que existieron en Francia y España en los años 1974 y 1975 y que actuaron después de la detención de los militantes del MIL y sobre todo a partir de la condena a muerte y ejecución a garrote vil a Puig Antich. Después de la disolución del MIL, decidieron seguir combatiendo formando y potenciando pequeños grupos autónomos, sin siglas, anónimos, buscando la manera de coordinarse, a partir de la acción. Considerábamos que ése era el tipo de organización eficaz, contra la dictadura y el Capital, la manera menos vulnerable de combatir al Estado franquista. La idea era intervenir en las luchas, en sintonía con las luchas obreras y populares y en sintonía con el entusiasmo revolucionario de acabar con Franco y su principito. Éramos principalmente estudiantes, de clase media, en rebeldía contra el Estado en sus diferentes formas (Dictadura, militares, trabajo, universidad, familia, Capital, Medios de información, violaciones de los derechos más elementales). Muchos proveníamos del entorno libertario. Los franceses estaban relacionados con los exiliados españoles de la CNT por lazos familiares o por afinidad. Otros, como el Grupo Primero de Mayo, provenían directamente de la CNT.

Estábamos influenciados por el mayo del 68 francés y sus ideas antiautoritarias, el situacionismo, los intelectuales franceses Sartre, Camus, Genet, Guy Debord, Baudrillard. Había una predisposición a la solidaridad, a participar en las luchas, a protestar, a insurreccionarse al constatar que el Estado violaba los derechos más elementales. Todos nos fuimos concienciando y formando en las huelgas y manifestaciones, formando parte de piquetes, en grupos que hacíamos pintadas, sabotajes... Nos fuimos radicalizando al pasar a la acción. Estábamos interesados en conocer la historia de las luchas obreras, la historia de los grupos guerrilleros, lo que se decía en el extranjero de España, lo que publicaban los exiliados catalanes, los españoles, lo que se publicaba en Ruedo Ibérico. Nos interesábamos por la lucha de ETA, de los partidos clandestinos, por la historia de la revolución española, de la Guerra Civil. Estábamos interesados por leer lo que nos escondían, ocultaban y censuraban en España. Este afán de informarse, de conocer, era general. Estábamos muy influenciados por el movimiento contracultural, formábamos parte de él de una manera u otra. También estábamos influidos por nuestros antecesores, los maquis, las guerrillas de Latinoamérica, los Tupamaros, el Che, la ETA, grupos históricos como “Nosotros” de Durruti, García Oliver y Ascaso. Lo importante era pasar a la acción, armarse y prepararse, porque estábamos convencidos de que los franquistas no cederían su poder y sus privilegios sin pelear e intentar mantenerlos por la fuerza. Lo importante era asumir nosotros la lucha sin esperar ni el despertar del Proletariado, ni las indicaciones de los líderes, ni el contexto apropiado, ni la muerte de Franco. Nosotros creíamos que, así como la acción de otros nos concienciaba y nos despertaba, la acción nuestra de resistencia iba a provocar igualmente el efecto mariposa, que se añadirían grupos, como así sucedió.

Este tipo de organización autónoma ya existía, y mejor. No es que hiciéramos o descubriéramos nada nuevo. El grupo 22 de marzo de Cohn-bendit, las Brigadas Rojas, la RAF, eran los que marcaban la resistencia al neocapitalismo incipiente y globalizante en Europa. La ETA y sus grupos eran los que tenían en jaque a los militares franquistas y aliados y sus acciones nos alegraban ya que iban debilitando al régimen. Era un tiempo de muchas recetas políticas, de efervescencia de grupos, con escisiones, nuevos grupos, nuevas recetas, nuevos programas, siglas, etc. Los grupos autónomos se quieren desmarcar de esto con la autonomía, cada uno se hace su propia ley, toma las decisiones y actúa de manera propia. Autonomía proviene del griego y significa “el grupo que se hace su propia ley”, que decide las normas y cómo se organiza, que se retroalimenta por sí mismo, que está capacitado para no depender de los demás, que es capaz de emanciparse a sí mismo. Es la autonomía aplicada a la acción de los pequeños grupos, que se puede extender a organizaciones más grandes. Valorábamos la autonomía en oposición a lo automático, a las normas, principios y reglas que regulan a los grupos políticos. Valorábamos la autonomía frente a los grupos que funcionan por encargo o mandato, o los grupos que son dirigidos, o los mueven a capricho, como los robots. Esta autonomía de la que nos reclamábamos, no impedía que fuéramos conscientes de las muchas ataduras que padecemos y a las muchas contradicciones personales entre lo que se piensa y se hace. De ahí la revuelta para llegar a hacer lo que se piensa y pensar lo que se hace.

No éramos muy militantes y en eso nos equivocamos. No nos preparábamos en cuestiones básicas de seguridad, tácticas, estrategias, formación militar, conocimiento del enemigo. Nuestra mediocridad, falta de organización y preparación impidieron que diéramos golpes certeros como los de la ETA, que evidentemente se pueden, y se podían haber dado. Vivíamos al máximo la vida bohemia de París con múltiples relaciones y descubriendo nuevos intereses, amigos, países y pasatiempos. Reaccionamos al asesinato de Puig Antich con ganas de ir a por todas contra la dictadura, y contra cada una de las barbaries del franquismo. Los combatimos con entusiasmo pero no con preparación y persistencia, anticipándonos a ellos o sorprendiéndoles. Más bien actuábamos respondiendo a los crímenes que la Dictadura cometía. Tampoco reflexionábamos mucho sobre lo que íbamos haciendo. De ahí la repetición de errores. La autonomía era igualmente una necesidad ante las fuerzas represivas, el que no cayera toda una organización grande, el que no hubiera infiltrados, y la convicción de que en pequeños grupos invisibles, incontrolados, anónimos, éramos mucho más fuertes.

Éramos miembros de grupos autónomos ya existentes, que nos uníamos por afinidad sin pretensiones de ser vanguardia sino de participar con acciones que respondieran a nuestros deseos y a las necesidades del movimiento popular existente contra la dictadura. El GARI lo forman varios grupos autónomos: los ex MIL Jean Marc Rouillan, Jean Claude Torres, Nicole… a los que se les añaden sus amigos del instituto, en especial, Mario Inés Torres, Michel Camillieri, Pierre Roger (también hubo separaciones: por ejemplo, Jordi y Pilar, que se ocuparon de las ediciones “Mayo 37” y de su difusión); un grupo de apoyo y solidaridad con los presos que habíamos formado en París; algunos del comité de solidaridad con los ex MIL, “Comité Vidal Naquet” de París; el “Grupo Primero de Mayo”, vinculado a la CNT en el exilio; un grupo anarquista de Toulouse que tenían una imprenta donde se imprimían los folletos de “Mayo 37” y hacían una revista llamada “Basta”; y un grupo que actuaba en el país vasco francés. Es la primera vez que se juntan varios grupos diferentes, que no se conocen los unos a los otros. Ya no es un grupo de amigos que decide pasar a la acción, sino una organización de varios grupos autónomos, más fuerte. La coordinación había sido impulsada básicamente por Jean Marc Rouillan. Los ex MIL y el “Grupo Primero de Mayo” ya eran dos grupos históricos en aquel momento, y buscados por la policía española y francesa. Los que estaban buscados vivían en la clandestinidad, otros hacíamos vida normal en Francia.

Los GARI englobaban diferentes grupos autónomos anónimos que intervenían sin utilizar sigla. El único que tenía sigla, y más antigüedad en el activismo, era el “Grupo Primero de Mayo”. La sigla GARI aparece más tarde, después del secuestro de Suárez y se utiliza para reivindicar el secuestro y dar una imagen de fuerza que no teníamos, ante el régimen franquista, para mostrarnos como una organización con capacidad de actuar, en París, Toulouse, Montpellier, Barcelona, y bien coordinada. Aunque personalmente considero que siempre es más eficaz el anonimato, en este caso tiene su justificación. Paradoja. A los diferentes grupos anónimos nos pusieron en los archvos de la Cour de Securité de l`Etat en una carpeta llamada “GARI”, y fuimos el último caso que investigó esta Corte, ya que luego desaparecería. En cambio, Alberola y los de su grupo, que cayeron con el secuestro Suárez, y que sí tenían sigla, fueron judicializados por el derecho normal, sin quedar enmarcados bajo el nombre “GARI”, a pesar de que el nombre apareció en la prensa con el secuestro Suárez. Insisto en lo de las siglas, porque la sigla MIL, aunque fuera una broma, facilitó el trabajo de la policía, sobre todo estando algunas acciones detalladas en la revista CIA. Y también supuso un problema para los obreros de Plataformas o militantes vinculados a las ediciones “Mayo 37”, que se vieron de golpe vinculados con los atracos del MIL, hecho que finalmente provocó la autodisolución, para que cualquiera quedara libre de la vinculación con el MIL. Y la OLLA fue bautizada por la policía, como dijeron los propios compañeros del MIL, por su necesidad de englobar en un grupo a incontrolados que actuaban autónomamente.

“No somos ni la vanguardia del proletariado ni el partido revolucionario. No representamos a nadie más que a nosotros mismos. Somos engranajes de una sociedad que nos explota y nos oprime y queremos VIVIR y COMPRENDER.Lo esencial de nuestra trayectoria es haber intentado VIVIR cambiando en nuestra vida cotidiana las relaciones estereotipadas, jerarquizadas, artificiales, entre individuos. Esto nos ha llevado a una tentativa de comprensión más amplia de nuestra situación en la sociedad.Nos ha llevado a luchar contra todo lo que nos aliena (el capital, su Estado tentacular y todo lo que se le someta: partidos y grupúsculos políticos, burocracias sindicales etc.). Y también nos ha llevado a intentar socorrer realmente a los amigos amenazados de muerte, empleando excepcionalmente medios particulares que se corresponden con esta situación concreta (y no con la intención de priorizar en el futuro este tipo de métodos).”
(De un texto de noviembre de 1974 firmado “Los Dinamiteros vascos”)

La coordinación inicialmente era para intensificar la campaña para salvar a Puig Antich. No estaba en ella, al menos en los primeros contactos en Toulouse, la idea de acciones violentas. Podían tener un efecto contraproducente como lo tuvo el atentado de Carrero Blanco. No pensábamos que lo fueran a ejecutar tan rápido, ni siquiera que el nuevo gobierno que se presentaba como liberal, de apertura y progresista, iba a cometer el crimen. Pero las acciones legales, las peticiones, las recogidas de firmas, la búsqueda de apoyos, la solidaridad de la población… no funcionaron. Eso nos llevó a una impotencia, decepción, desesperanza y a decidir que sólo podíamos contar con nosotros mismos.

Manuel Vázquez Montalbán, dirigente del PCE por aquel entonces, en la novela, “Autobiografía de Franco”, explica en pocas palabras cómo el PCE y la oposición democrática decidieron no hacer nada, priorizando así los pactos con los franquistas a la muerte de un anarquista:
“Difícil explicarle a usted el porqué de la escasa reacción española, ante el asesinato legal de Puig Antich, un joven anarquista que mató a un policía mientras forcejeaban por una pistola. Tampoco reaccionó la oposición. La oposición empezaba a ver la salida del túnel, con su féretro por delante, excelencia, y no quiso arriesgar territorios de libertad factualmente recuperados, por la muerte de un anarquista… Hubo algunas manifestaciones, sobre todo en Barcelona. Extrema izquierda. Cristianos para el socialismo. Simples horrorizados ante la operación de matar, pero los estados mayores de los partidos trataban de despegarse de la violencia, en busca de una respetabilidad pactante de la futura llegada de la democracia a España. Eso no quiere decir que no nos tragáramos aquél cadáver como un sapo y que no fuera necesaria mucha verbalidad para hacerlo digerible”.

Cualquiera podrá comprender el resultado de la peregrinación a las sedes de los partidos y organizaciones en el exilio para que apoyaran a los MIL en París. Nos echaban. Unos decían que eran gánsters, delincuentes, que este grupo nadie lo conocía, que la población no entiende que se hagan atracos y se mate un policía para combatir a Franco… Otros más decentes, argumentaban que estaban muy ocupados con el proceso 1001, de Camacho y compañía, otros nos daban las gracias por la información y nos decían que estudiarían que podían hacer. En fin, nada. Sólo conseguimos algunas firmas sueltas de intelectuales. Pero en aquel tiempo el partido importante era el PCE, que lideraba las luchas en España. No quisieron. El mismo resultado tuvieron otros compañeros que hicieron las gestiones en Barcelona, contactando con la Asamblea de Catalunya. Lo iban dejando de lado una semana tras otra. No les interesaba. Tenían temas más importantes que discutir.

Años más tarde supimos la causa de esta falta de solidaridad y rechazo a apoyar a los del MIL. Después del atentado contra Carrero Blanco, Carillo pacta con la dictadura. Agentes de la dirección nacional de seguridad lo llaman a París: “Don Santiago, nos vamos a ocupar especialmente de los presos del proceso 1001 –que empezaba aquel día-, y le garantizamos la máxima seguridad. Nuestra lucha no es contra ustedes, sino contra los terroristas”. Aquella misma noche salieron de la Modelo algunos de los ciento trece presos de la Assamblea de Catalunya. Los otros salieron al día siguiente. Carrillo condenó el terrorismo de ETA y a los grupos armados. Ya podíamos nosotros ir llamando a las puertas. Tenían directivas de arriba de que la política a seguir era no apoyar a los que ellos ya también llamaban terroristas. Dejaron a Puig Antich para que los ultras satisficieran su venganza. Decidió la ejecución el gobierno más liberal de la dictadura franquista, después de tres semanas de hacer proclamas de apertura, liberalización, etc. ¿Por qué actuaron así? El gobierno Arias Navarro sabía que Puig Antich no tenía el apoyo de la oposición liderada por el PCE. También lo sabía Fraga Iribarne, embajador en Londres, quien en esta época se estaba reuniendo para crear PRISA y el periódico El País con los franquistas Cebrián y Polanco.

Los GARI surgieron como reacción a la ejecución de Puig Antich, condenado a garrote vil en un Consejo de guerra militar y para defender a los presos del MIL que arriesgaban la pena de muerte. En especial, Oriol Solé Sugranyes y José Luis Pons Llobet. Nació como reacción a un asesinato de Estado, a la violencia del Estado, al terrorismo de la dictadura. El asesinato a garrote vil de Salvador Puig Antich nos conmocionó y nos decidió a pasar a las acciones. Fue un momento de exasperación, de indignación y decepción por no haber podido evitarlo. Estábamos afectados y decidimos implicarnos en la lucha clandestina y violenta contra la dictadura denunciando al mismo tiempo a la oposición democrática. Enseguida sentimos la necesidad de unir esfuerzos y capacidades para realizar acciones más importantes. Decidimos pasar a los atentados y secuestros.

El objetivo concreto de los GARI fue, pues, impedir un nuevo asesinato de militantes del MIL, liberar a los compañeros presos y vengar la muerte de Puig Antich, atacando con fuerza a la dictadura franquista en el exterior. Su objetivo general era potenciar grupos autónomos armados, sabiendo que los ultras y fascistas no iban a desmantelarse por las buenas ni a perder sus privilegios sin pelear. Partíamos de la base de que las reivindicaciones de la oposición, incluso las del rey Juan de Borbón, de desmantelar el aparato franquista, amnistía y libertades democráticas, no se conseguirían pacíficamente. Los ultras pelearían y nosotros debíamos prepararnos como en el 36 ante la posibilidad de sus intentonas asesinas. Mientras nosotros y muchos grupos revolucionarios pensábamos en la revolución, la CIA trabajaba para mantener el aparato franquista con la sucesión de Juan Carlos, y sobre todo sus bases en España y el control de la policía secreta. Los historiadores franquistas, monárquicos y afines llaman a la Transición española “el acontecimiento más importante realizado en España desde los Reyes Católicos”. La historia oficial la siguen escribiendo los vencedores.

Los GARI no fueron desmantelados por la represión, se autodisolvieron a finales de Agosto de 1974. A partir de esta fecha, ya no reivindicarían ninguna acción. Las siglas perduraron en los medios de comunicación a causa del encarcelamiento de algunos de sus miembros. La autodisolución estaba prevista desde la constitución del grupo y no se planteó nunca crear una organización de lucha armada. Un escrito de febrero de 1975 firmado por “un grupo que participó en la coordinación GARI” explica los motivos:

“No queremos perpetuar unas siglas, un momento de la lucha. Sería hacer lo contrario de lo que pensamos. Porque la lucha no tiene principio ni fin, porque una revolución no tiene principio ni fin, excepto para quien cuenta el tiempo en función de su acceso al poder. Porque todo nos demuestra que una organización que se petrifica acaba por tener demasiadas cosas que perder, unas siglas, una representación, para ser realmente un medio de lucha; se convierte en un fin en sí misma, pretende ser un interlocutor válido, y esto CONTRA aquellos que rechazan sus tácticas politiqueras, frentistas. Contra los proletarios mismos, todos ellos convertidos en provocadores, delincuentes… Los GARI no existen ya como coordinación de grupos. Mañana, puede que se establezca otra coordinación con otros objetivos o con los mismos; con otros grupos autónomos o con los mismos. Otras siglas verán la luz y después desaparecerán. Para nosotros, la verdadera constante es el grupo autónomo, constituidos por proletarios reunidos sobre la base de una afinidad real, teniendo por costumbre vivir, luchar, discutir, criticar, conjuntamente. Los acuerdos provisionales contraídos con otros grupos son para nosotros una de las condiciones esenciales para evitar el militantismo y la burocracia, para evitar que la gente se desresponsabilice individual y colectivamente en el seno de una estructura fija, hecha para proporcionar seguridad. Conocemos demasiado bien el papel de los burós políticos, de las organizaciones, de las federaciones, de los grupúsculos, para confiar en una coordinación permanente. Cuando la base se dota de una representación permanente, partido, federación, sindicato, coordinadora, se instala la burocracia, se crean jefes, delegados permanentes, protegidos por un aparato en el cual la falta de transparencia hace necesaria la división de tareas. Esas tareas se convierten en especialización. Esta especialización se convierte en jerarquía de hecho…”.

Estractos de un texto escrito por Txema Bofill y publicado en el libro “Por la memoria anticapitalista. Reflexiones sobre la autonomía”. Editorial Klinamen.
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8 sept 2011

Jaume Balius Mir


Nació en el seno de una familia burguesa de Barcelona, su padre era corredor de comercio. Estudió primero con los jesuitas de Caspe, y después, en varios colegios privados. Comenzó a estudiar medicina en 1920-1921, pero una enfermedad venérea le impidió continuar.Su temperamento idealista lo llevará durante su juventud al nacionalismo insurreccional de Francesc Macià y al partido político Estat Catalá, al que se afilia en 1922 y toma parte en las manifestaciones catalanistas de 1923; dos años más tarde fué uno de los firmantes del manifiesto catalanista de Bandera Negra, y se vió implicado en el llamado "complot de Garraf" contra el rey Alfonso XIII y en los preparativos de un "Exércit Catalá" secreto, por lo que es encarcelado. En poco tiempo es puesto en libertad y se exilia en Francia, donde la atmósfera de adulación y culto a la personalidad que envolvía a Macià y la poca disposición de éste a organizar un auténtico levantamiento acaban por desencantar a Balius. Tarda poco en evolucionar hacia el anarquismo. Aunque Proudommeaux afirma que Balius no se hizo anarquista hasta la crisis de 1934, al parecer fué introducido en los medios libertarios por Lliberto Callejas alrededor de 1932. El propio Balius asegura: "A la vuelta del exilio de tierras francesas en la época de Primo de Rivera, combatí a la Generalitat en un instante en el que podía enchufarme y desde entonces defiendo a la CNT y a la FAI…"

Se afilió a la FAI, y posteriormente a la CNT en 1936. Balius era sin duda un escritor y periodista libertario de primera magnitud. Iniciada la Guerra Civil entró en el Grup Sindical d'Escriptors Catalans, escribiendo para Ideas, Ruta, Superación y Tiempos Nuevos.Colaboró cómo escritor y periodista en gran parte de la prensa libertaria de aquel momento: Tierra y Libertad,CNT, Cultura Obrera, Despertar, Más Lejos... El 26 de enero de 1937, tras la entrada de la CNT en la Generalaitat de Catalunya, Balius forma parte del equipo de redacción del Periódico Solidaridad Obrera, que es altamente crítico con la línea trentista y mas moderada de la CNT, que en ese momento ostenta los cargos y se encarga de sustituír a todo el equipo de redacción con motivos de darle un aspecto mas colaboracionista al Periódico. Pasó a dirigir la redacción del periódico La Noche, antiguo órgano azañista colectivizado por sus trabajadores.

Durante la guerra una parálisis le obliga a quedarse en la retaguardia, en Barcelona. El 15 de marzo de 1937 crea la Agrupación de los Amigos de Durruti junto a Félix Martínez, Pablo Ruíz, y antiguos miembros de la ya disuelta Columna Durruti en su mayoría, a raíz del decreto de militarización y creación del ejército popular. Empieza a editar (a partir del 19 de mayo) su órgano de expresión, el periódico El Amigo del Pueblo, ilegalizado tras la publicación de sus primeros números y que toma su título de L'Ami du Peuple, de Marat, de hecho el modelo de adopción de Durruti es muy semejante al que utilizaron los “enrâges” con Marat.

Enfrentados a la dirección oficial anarcosindicalista y su estrategia "ministerialista", este grupo se aproxima en cierta medida a las posiciones inmediatas del POUM en esos momentos, organización con la que mantendrán algunos contactos. Esas posiciones pasaban por detener la militarización de las milicias, denunciar el proceso antirrevolucionario en territorio republicano y acabar con las "intrigas" de la retaguardia. Vincularon estrechamente la guerra con la profundización revolucionaria y propugnaron la instauración de una nueva fuerza revolucionaria para desplazar a los partidos burgueses y a los "marxistas oficiales" y/o autoritarios. A raíz de los Sucesos de Mayo (1937), la sede de la agrupación fué clausurada y Balius llevado a los calabozos, desde donde continuaría escribiendo para El Amigo del Pueblo. Pudo salir al poco de la cárcel, siendo nombrado secretario de la Agrupación y encarcelado de nuevo. En enero de 1938 escribirá "Hacia una nueva revolución", uno de sus textos más conocidos. Ciertos sectores cenetistas, concretamente el sector trentista, le tildó de "infiltrado" y de Trotskysta. Balius se defendió diciendo entre otras cosas que se le tacha de tal porque es un "enemigo acérrimo de los partidos políticos pequeño burgueses y de toda esa gentuza que en nombre de la revolución se ha lucrado y todavía se lucra a pesar de que se derrame sangre a torrentes en
los campos de batalla…"

Al finalizar la guerra en Cataluña en enero de 1939 se exilia de nuevo a Francia, donde gesta el Grupo franco-español de "Los Amigos de Durruti". Cuando se inicia la invasión alemana Balius logrará salir del territorio francés en el último barco fletado por el SERE. Desembarcó en Santo Domingo, desde donde pudo alcanzar Cuba y llegar por fin a México, país en el que permaneció diecisiete años.En los años sesenta sobrevive en París, en 1961 edita de nuevo El Amigo del Pueblo y colabora como artículista con el grupo de origen trotskysta de G. Munis (al que había conocido en Barcelona en mayo de 1937) y para Le Combat Syndicaliste y Tierra Libre, periódicos de la CNT en el exilio francés, mostrándose fiel a la línea que expresó en 1937. En 1978 el historiador británico Paul Sharkey traduce y edita en inglés "Hacia una nueva revolución", escrito 40 años antes y al que Balius le añadirá un prólogo, "Hace 40 años...", que ha pasado a formar parte de la obra. Miquel Amorós, que lo conoció en Francia, le ha dedicado un estudio exhaustivo en "La revolución traicionada: La verdadera historia de Balius y Los Amigos de Durruti" editado por Virus en el año 2003.

Jaume Balius Muere en la residencia Beau Séjour, en Hyéres, en el distrito de Toulon, un día de diciembre de 1980.


Afilando Nuestras Vidas

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3 ago 2011

Auguste Vaillant


Auguste Valliant fué un importante agitador anarquista y fervoroso defensor de la propaganda por el hecho.Nació en las Ardenas en 1861,Vaillant tuvo una infancia miserable.A los doce años ya vivía solo en París,donde posteriormente fué condenado por pequeños delitos:A los trece por tomar un tren sin boleto,a los diecisiete años por robar comida, por tales crímenes pasó seis días en prisión.Trabajó en diversos empleos manuales temporariamente en condición de aprendiz y desarrolló una pasión por la astronomía y la filosofía.Preocupado con la miseria de los habitantes pobres de París entre los que se incluía,Vaillant se integró en los círculos anarquistas, el anarquista Malato lo recordará en su juventud como un muchacho retraído y silencioso.Se casó y vivió en medio de la pobreza con su esposa y su hija Sidonie,que después de su muerte sería adoptada por Sébastien Faure.
En cierto momento de su vida decidió abandonar París para probar suerte en Argentina, en la región del Chaco, donde la realidad no se mostró menos hostil. Después de tres años en el extranjero, Vaillant retornó a Francia en donde conseguía sub-empleos casuales que apenas le permitían mantener a su familia. Vaillant se convirtió en un importante agitador de las campañas anarquistas, y frecuentemente defendía la propaganda por el hecho. Las olas de acciones ejecutadas por anarquistas estaban multiplicándose en Francia entre los años 1892 y 1894 por medio de la iniciativa de varios activistas, entre los que estaban Ravachol, Sante Geronimo Caserio y Émile Henry. Sus acciones intentaban atacar a la burguesía y al estado nacional, responsables de la miseria y de la crisis económica vigente, y de la explotación de las clases subalternas. La ejecución de Ravachol motivó a Auguste Vaillant a exigir venganza. Ravachol fué guillotinado después de poner cuatro bombas en lugares públicos parisinos y en un gran restaurante. La acción de Vaillant ocurrió el día 9 de diciembre de 1893. Cerca de las 16 horas, arrojó una bomba de gran impacto en la Cámara de diputados del Palacio Bourbon en una sesión presidida por Charles Dupuy. Esta era una bomba cargada de clavos y metralla que fue lanzada sobre los diputados y espectadores que asistían a las deliberaciones. Cincuenta personas fueron heridas, incluyendo el mismo Vaillant cuya nariz fue arrancada.

Un artículo del Fígaro del 10 de diciembre de 1893, describe la escena:
"La explosión de la Cámara de Diputados, pintada por el artista Derroir.
La bomba fue arrojada del segundo foro público localizado a la derecha del palestrante de la Casa en la segunda galería superior, y explotó a la altura de la galería inferior, reventando en un torbellino gigantesco aquello con lo que se encontró. Muchos diputados fueron lanzados a la distancia y el abad Lemire fue arrojado al piso alcanzado por una esquirla en la parte trasera de la cabeza, abriéndole una herida profunda. Otros diputados fueron también heridos: MM de Lanjuinais, Leffet, Barão Gerard, Sazenove di Pradine, de Montalembert, Charpentier, Tréveneune. Cercados por la humareda, se refugiaron en las oficinas en busca de los primeros auxilios. Dupuy, que presidia la sesión fue alcanzado por un clavo a un costado de la cabeza."

Detenido con otras veinte personas, Vaillant admitió en aquella misma noche que él era el autor de la bomba. Antes del veredicto del juicio, Vaillant habló a los jurados de los motivos por los que recurrió a actos de violencia en favor de una nueva sociedad:
"Tuve por lo menos la satisfacción de golpear esta sociedad existente, esta sociedad maldita donde cualquiera puede ver que un solo hombre gasta inutilmente lo suficiente como para alimentar centenares de familias; una sociedad infame que permite a unos pocos individuos monopolizar la riqueza social (...) regresé a Francia donde me estaba reservado el ver sufrir a mi familia terriblemente. Esta fué la última gota que rebasó el vaso de mi tristeza. Cansado de llevar esta vida de sufrimiento y cobardía, llevé esta bomba hasta aquellos que son los principales responsables por la miseria social"

Aguste Vaillant fue sentenciado a muerte, a pesar de que con su acción no mató a nadie, solo causó heridos. A pesar de la petición de indulto hecha por el abad Lemire, herido durante el ataque. El Presidente de la República, Carnot, desatendió todas las demandas en favor de Vaillant y firmó la ejecución. Ese mismo año Carnot sería ajusticiado por el anarquista Sante Gerónimo Caserio.

A los 33 años de edad, el día 15 de febrero de 1894 Vaillant fué guillotinado. Antes del momento final gritó:
¡Larga vida a la Anarquía! ¡Mi muerte será vengada!
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Piotr Kropotkin

Piotr Alekséyevich Kropotkin nació en Moscú el 9 de diciembre de 1842, en el seno de una aristocrática familia rusa. En agosto de 1857 ingresó en el Cuerpo de pajes de la Corte imperial, en San Petesburgo; en 1862 fue destinado, como oficial, a un regimiento del remoto territorio del Amur, en Siberia, donde permaneció un lustro. Al regresar a la capital del Imperio, ingresó en la Universidad para estudiar matemáticas, y publicó una Memoria sobre la orografía de Asia en la Sociedad Geográfica. Por encargo de esta misma sociedad estudió los glaciares de Finlandia y Suecia. En 1872 viajó por primera vez al Occidente europeo. En Suiza, a través de intelectuales rusos emigrados, se puso en contacto con las organizaciones socialistas y con la poco antes fundada Asociación Internacional de Trabajadores. Aunque no llegó a conocer personalmente a Bakunin, se adhirió desde aquel momento a su concepción libertaria del socialismo y se definió contra el autoritarismo marxista. de retorno a su tierra, formó parte del círculo revolucionario Chaikovski. Fue detenido y encarcelado en 1874 en la célebre fortaleza de Pedro y Pablo. Con ayuda de sus amigos logró escapar de ella, pasó a Suecia y embarcó en Noruega hacia Gran Bretaña. En Londres colaboró en la revista «Nature» y en el diario «Times». Poco después, ingresó en la Federación del Jura, que formaba parte de la Internacional. En Suiza conoció a Guillaume, a Eliseo Reclus y los comunardos allí exiliados, a Cafiero y Malatesta, y desarrolló una intensa labor de propaganda a través de charlas, conferencias, reuniones obreras, folletos, artículos periodísticos, etc.

En Londres se dedicó al estudio de la Revolución Francesa en el Museo Británico; en París intentó después, junto con Costa y Guesde (posteriormente pasados al marxismo), una reorganización del movimiento obrero y socialista, proscripto desde la derrota de la Comuna; en Suiza, otra vez, comenzó a publicar «Le Revolté», uno de los más famosos periódicos anarquistas. A fines de 1881 volvió a Londres, pero en el otoño de 1882 lo encontramos instalado en el pueblo francés de Thonon, en las fronteras con Suiza, desde donde sigue editando aquel periódico, al tiempo que colabora con la Enciclopedia británica. Acusado de participar en un atentado terrorista, fue sometido a juicio en Lyón, condenado y recluido en la prisión de Clairvaux. Liberado en enero de 1886, gracias a una intensa campaña de la intelectualidad liberal europea, vivió un tiempo en casa de Elíseo Reclus, antropólogo e historiador de las religiones, en París, y de allí pasó a Londres, donde poco después nació su única hija. Con Charlotte M. Wilson y otros compañeros fundó allí el grupo Freedom, que poco después inició la publicación de un periódico mensual del mismo nombre. Hacia esta época publicó una serie de ensayos, más tarde reunidos en dos volúmenes con el nombre de La conquista del pan y Campos, fábricas y talleres. Defiende en ellos la tesis de que la propiedad privada y la empresa encaminada al lucro constituyen los principales obstáculos al desarrollo de la producción y analiza los enormes recursos que la técnica, unida a la educación, pueden brindar al trabajo libre y creativo, donde lo manual se combina con lo intelectual para llegar a una súper-abundancia de bienes para todos.

Más importante todavía, desde el punto de vista teórico, es otro libro que poco después escribió y que apareció también primero en forma de artículos periodísticos (en «Nineteenth Century»): El apoyo mutuo, un factor de la evolución. La obra está dirigida a refutar la interpretación del darwinismo ofrecida por el célebre biólogo T. H. Huxley en un artículo titulado La lucha por la existencia: un programa, donde, a partir del principio del struggle for life como motor único de la evolución, se llega a considerar anticientífico al socialismo con sus aspiraciones a la igualdad. A este período de la vida de Kropotkin pertenecen también sus libros El Estado - Su rol histórico y El Estado moderno.Por otra parte, durante esta prolongada estancia en Londres, participó en numerosos meetings, pronunció conferencias, asistió a manifestaciones obreras y a reuniones (como las que se llevaron a cabo para conmemorar la Comuna de París o el martirio de los obreros de Chicago), colaboró con diversos grupos de la izquierda (como la Liga socialista del poeta William Morris, la Sociedad fabiana, etc.). Durante el año 1897 cruzó el Atlántico y realizó una extensa gira de conferencias por Canadá y Estados Unidos. En 1901 repitió su visita, invitado por el Instituto Lowell de Boston, donde ofreció una serie de conferencias sobre literatura rusa, recopiladas más tarde en un volumen que lleva por título Los ideales y la realidad en la literatura rusa. Retornado a Inglaterra, emprendió durante los años siguientes varios viajes al continente: en 1906 veraneó en Bretaña; a comienzos y a mediados de 1907 visitó París; en 1908 estuvo en el Lago Maggiore, en París y en Locarno; en 1909 pasó una temporada escribiendo en Rapallo; desde fines de 1912 a mediados de 1913 vivió en Locarno, y en el invierno de 1913-1914 estuvo en la playa de Bordighera.

Al estallar la Primera Guerra Mundial, Kropotkin interpretó el conflicto como una mera agresión militarista de los Imperios centrales contra las democracias occidentales. Y, desde este punto de vista, no podía dejar de tomar partido por Francia e Inglaterra contra Alemania. Por eso, junto con Malato, Grave, Cherkesof, Cornelissen y otros anarquistas conocidos, publicó en 1916 un famoso Manifiesto, donde ponía en guardia a todos los liberales y los socialistas del mundo contra el peligro del imperialismo germánico.Esto provocó, como era de esperar, la reacción de la mayoría de los anarquistas que, adheridos a una posición aparentemente más lógica y consecuente con sus principios, se manifestaron ajenos a toda lucha entre Estados y mantuvieron una posición estrictamente neutralista. Entre ellos, Malatesta, Faure, Rocker, Domela Nieuwenhuis, Emma Goldman.

Al producirse, en febrero de 1917, la caída del zarismo en Rusia, Kropotkin, a pesar de sus años y de su escasa salud, no dudó un instante en dirigirse hacia la tierra de la cual había tenido que huir tantos años antes. Recibido con regocijo y profunda veneración por la masa obrera y campesina, como uno de los héroes de la causa socialista, no tardó, sin embargo, en tener problemas con las autoridades bolcheviques. Debió retirarse de Moscú a la aldea de Dimitrov, donde subsistía gracias al huerto que cultivaba su mujer y a los envíos de alimentos de los compañeros de Ucrania: jamás quiso aceptar nada del gobierno de Lenin. Le envió, en cambio, varias cartas, en las cuales le recordaba que «aunque la dictadura de un partido constituyera un medio útil para combatir el régimen capitalista... esa misma dictadura es completamente nociva en la creación de un orden socialista» y le reiteraba que tal creación necesariamente «tiene que hacerse a base de las fuerzas locales, y eso, hasta ahora ni ocurre ni se estimula por ningún lado» y que «sin la participación de las fuerzas locales, sin la labor constructiva de abajo a arriba, ejecutada por los obreros y todos los ciudadanos, la edificación de una nueva vida es imposible». Los últimos meses de su vida los dedicó Kropotkin a escribir un tratado de Ética, del que sólo concluyó la primera parte (de carácter histórico). A comienzos de 1921 enfermó de bronconeumonía y el 8 de febrero falleció, siendo sepultado en el monasterio de Novvdévichu, donde estaban las tumbas de sus antepasados.

El pensamiento de Kropotkin comprende tres momentos esenciales: 1) la fundamentación biológico-histórica y la teoría de la ayuda mutua; 2) la ética, que es centro de todo el sistema, ya que se basa en la teoría de la ayuda mutua y sirve, a su vez, de base a las doctrinas sociales y políticas; 3) la doctrina del comunismo anárquico, con todas sus consecuencias (sociales, económicas, políticas, pedagógicas, estéticas, etc.), que constituye la culminación y la meta del pensamiento kropotkiniano.A diferencia de Bakunin, que tenía una formación predominantemente filosófica, Kropotkin se formó en las disciplinas científico-naturales. Puede decirse que fue geógrafo y geólogo de profesión y biólogo de afición. En todo caso, nunca se interesó mucho por el idealismo alemán ni mostró gran aprecio por la dialéctica o por la especulación metafísica. La teoría de la evolución de las especies de Darwin constituía, para él, la culminación de la ciencia moderna y la última palabra del pensamiento positivo.A partir de ella se pueden explicar no sólo todos los fenómenos del mundo viviente sino también todos los hechos de la historia y de la sociedad. Pero he aquí que algunos de los más ilustres continuadores de Darwin, como el ya mencionado Huxley, al insistir en la lucha por la vida como factor único de la evolución, extraen del evolucionismo, cual lógica consecuencia, una justificación del capitalismo y, en general, de la opresión de los débiles y los pobres por los fuertes y los ricos. Esto contradice evidentemente los ideales del socialismo y de un modo muy particular los del comunismo anárquico de Kropotkin. Pero en lugar de rechazar la teoría de la evolución, éste se propone revisar sus fundamentos, y basándose en los estudios previos del zoólogo ruso Kessler y en una gran copia de datos biológicos, antropológicos, históricos, sociológicos, etc., se dedica a demostrar que la lucha por la vida no es el único ni el principal factor de la evolución y que, junto a él, hay otro todavía más importante que es la ayuda mutua, la cual se da universalmente no sólo entre los miembros de un mismo grupo y de una misma especie sino también entre especies diferentes.De acuerdo con esto, intenta probar que las especies y las sociedades donde mayor vigencia tiene este principio son precisamente las que han logrado mayor fuerza y desarrollo mental. Refiriéndose en especial a las sociedades humanas, sostiene la tesis de que la cultura (arte, poesía, ciencia, etc.) alcanzó en la historia sus más altas cumbres allí donde el poder político y económico llegó a su mínima concentración, es decir, en las pequeñas ciudades de la Grecia clásica y en las comunas y ciudades libres del Medievo. Esto equivale a decir, para Kropotkin, allí donde el principio de la ayuda mutua y de la libre asociación alcanzó su más elevada expresión.

Este principio constituye, para nuestro pensador, la norma suprema de toda verdadera moral. Cierto es que el hombre se mueve por el principio del placer, pero este motor no es suficiente para explicar la conducta humana. En realidad, lo que el hombre busca, dice Kropotkin siguiendo a Guyau, más que el placer en sí, es la expansión y el máximo florecimiento de su propia vida. Pero esto significa superar el principio hedónico, ya que la vida al expandirse significa generosidad y aun renunciamiento al placer. De este modo, una ética que parte de supuestos hedonistas se convierte en ética de la expansión vital y llega a ser la ética que el socialismo necesita. La expansión vital tiene su raíz en la ancestral tendencia a la ayuda mutua y logrará su fruto más alto en la construcción del comunismo anárquico. Ya que toda riqueza es producto de la labor colectiva de todos los hombres del presente y del pasado, resultaría arbitrario e injusto dividirla, reconociendo la propiedad privada en cualquiera de sus sentidos. Lo que se ha producido en común debe seguir siendo siempre propiedad común. El salariado deberá desaparecer. El principio que regulará toda la actividad económica será: de cada uno según su capacidad; a cada uno según sus necesidades. Pero la sociedad comunista no puede construirse ni podría jamás conservarse mientras exista el Estado. El mero hecho de que exista un gobierno, por más proletario y provisorio que se diga, hace imposible la propiedad común; tiende a constituir una nueva clase y a reconstruir, en provecho de la misma, la propiedad privada o particular; se inclina necesariamente a reconstruir los privilegios de todo orden.

Durante los últimos años de su vida, transcurridos en la URSS, estas convicciones se vieron ya plenamente confirmadas y no fue necesario que Kropotkin sobreviviera hasta alcanzar la era de Stalin para darse cuenta de que la teoría marxista de la dictadura del proletariado conduciría irremediablemente a los bolcheviques a erigir un nuevo e inaudito modelo de totalitarismo, donde el socialismo brillara por su ausencia.


Ángel J. Cappelletti
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31 jul 2011

El DI (Defensa Interior) y la resistencia libertaria contra el franquismo

Por razones generalmente partidistas, la resistencia libertaria contra el franquismo ha sido frecuentemente olvidada en la historiografía del antifranquismo. Pero este “olvido” es aún más notorio en el caso de la resistencia libertaria de los años sesenta, por ser en esos años cuando los libertarios intentaron organizar y poner en marcha su proyecto resistencial más consecuente, el DI (“Defensa Interior”), y cuando sus acciones obtuvieron mayor repercusión internacional. Efectivamente, al reactualizar la lucha activa contra el franquismo y la presencia del anarquismo, el DI fue el blanco de todos los que, inclusive entre los libertarios, no veían con buenos ojos una reactualización que ponía en evidencia su inmovilismo o que contrariaba sus planes y objetivos políticos.

No es de extrañar pues que coincidieran tantos intereses en ocultar la historia del DI y que por ello ésta sea hoy en día, hasta en los propios medios libertarios, tan poco conocida. Un desconocimiento que, gracias a la reactualización del caso Granado-Delgado en el marco del actual proceso de recuperación de la memoria histórica, está comenzando a ser paliado. No sólo porque al hablar de este caso se ha tenido necesariamente que hablar del DI, sino también porque las nuevas generaciones de militantes y de historiadores están demostrando un gran interés por descubrir la resistencia libertaria de esos años, que tantos intereses coincidieron en ocultar.

Este interés exige pues un deber de información de parte de los que podemos aportarla. Y esto es lo que me han pedido hacer hoy aquí; pero, antes de hacerlo me parece necesario hacer algunas puntualizaciones sobre el franquismo y el antifranquismo, desde el final de la guerra hasta 1960.

EL FRANQUISMO

Con el pretexto de restablecer el orden, los militares facciosos se sublevan en 1936 contra el gobierno de la Segunda República. La sublevación triunfa en algunas zonas del país; pero en otras, gracias a la reacción popular, la sublevación fracasa y comienza la llamada “Guerra Civil”…

Franco es uno de los generales comprometidos en la conspiración y uno de los primeros en sublevarse; pero es gracias a una serie de circunstancias (Sanjurjo muere en un accidente de aviación al regresar a España y Mola encuentra muchas dificultades en el norte) que consigue ser nombrado Generalísimo de los Ejércitos y Jefe del Gobierno faccioso por la Junta militar reunida en Salamanca. Y así es como, tras apartar a los jefes históricos del alzamiento y “unificar” la masa de militantes y dirigentes fascistas en un partido único, Franco consigue ser, además de Jefe del Estado, el Jefe Nacional de Falange Española Tradicionalista y de la JONS y el supremo Caudillo del Movimiento. Por eso, al terminar la guerra, logra asumir -“en su entera plenitud” y con el título de “Caudillo de España por la gracia de Dios”- la absoluta autoridad de ese “Estado nuevo” que, hasta el fin, será un “reino sin Rey” y en todo momento una feroz y brutal dictadura castrense.

El franquismo, ese régimen que dura hasta la muerte de Franco, no es otra cosa que la alianza tradicional entre caciques, curas y militares, aunque adaptándose a los aires de la época, adopta el ropaje y el ceremonial fascistas de la Falange. Ésta, que se considera el tercer pilar del Régimen, copia y trata de imponer la ideología totalitaria de los fascismos europeos; pero, ya desde el comienzo de la Guerra Civil, el Ejército, la Iglesia y la Derecha reaccionaria, que son los verdaderos poderes que configuran el franquismo, ven en la Falange un aliado circunstancial, pero embarazoso para sus planes. Por ello, a partir de 1943, tras los desastres militares de Mussolini y su arresto por orden del rey Víctor Manuel III, comienza la desfalangización del país y el franquismo aparece como lo que realmente es: una dictadura reaccionaria, militar y clerical.

El objetivo de estos poderes es simplemente imponer una dictadura que garantice sus privilegios, una dictadura dispuesta a reprimir toda forma de protesta popular, intransigente e implacable con los sectores sociales que habían querido reformar la sociedad española y más aún con los que habían intentado transformarla revolucionariamente.

El franquismo no sólo es un régimen que no reconoce ninguna de las libertades fundamentales (de reunión, de organización y de expresión), sino un régimen inquisitorial, implacable en la vindicta y en la represión de todos cuantos se atreven a reclamar esas libertades. Entre 1939 y 1944, la represión franquista alcanza sus niveles más altos de brutalidad y las víctimas se cuentan en cientos de miles. Sólo cuando sus padrinos Hitler y Mussolini son derrotados, Franco hace una “pausa” en su política represiva; pero esta “pausa” es corta, no dura más que el tiempo necesario para que el Caudillo pulse el sentir de los Aliados sobre la continuidad de su régimen. Después, a medida que las connivencias de las Potencias “democráticas” con Franco aumentan y se esfuma la posibilidad de su derrocamiento, el franquismo vuelve a ser esencial y brutalmente represivo.

EL ANTIFRANQUISMO

Al terminar la guerra, con la victoria franquista, la mayoría de los vencidos acepta e interioriza la derrota; pero los hay que deciden resistir y proseguir el combate contra el franquismo por las armas. Más tarde, tras la derrota del nazi-fascismo, otros -confiando en el respaldo de las Democracias vencedoras- deciden dedicar sus esfuerzos a la constitución, en España y en el exilio, de una “oposición política” para “luchar” contra Franco en las Cancillerías y esperar...

El antifranquismo institucional:

Esta Oposición espera el milagro, la caída de Franco, gracias a la buena voluntad de las Grandes Potencias. Pero no sólo las Democracias no provocan la caída de Franco, sino que ni siquiera hacen evolucionar al franquismo hacia posiciones menos intransigentes, más conciliantes. Al contrario, las Democracias pasan, poco a poco, de una condena más o menos formal a un reconocimiento, de más en más oficial, del régimen franquista. Por eso el tan esperado milagro acaba en una amarga decepción.

La historia de esta derrota es aleccionadora:

Comienza con triunfos aparentes: en 1945, con la Declaración de la ONU condenado el régimen franquista, y en 1946, con la Nota tripartita propugnando la ruptura de relaciones con el régimen de Franco. Pero estos “triunfos” tienen efectos más bien negativos, ya que relanzan la polémica sobre la acción armada, dividiendo al antifranquismo y reduciendo el apoyo a los grupos resistenciales. En 1948, España y Francia normalizan sus relaciones y otros muchos países envían sus embajadores a Madrid. Y a partir de 1949, con el pretexto del expansionismo soviético, termina prácticamente -aunque no oficialmente- el aislamiento internacional del régimen franquista. Las Democracias occidentales siguen entonces propiciando el ingreso de la España franquista en las Organizaciones internacionales del llamado “mundo libre”, y en 1950, a pesar de que , desde hace mucho tiempo, abroga la Declaración de San Francisco de 1945 y deja libre el camino a Franco para conseguir el pleno reconocimiento internacional para su Régimen.

Esta decisión es un verdadero mazazo para el antifranquismo en general; pero particularmente para aquellos sectores que han puesto todas sus energías y esperanzas en conseguir el aislamiento internacional del régimen franquista. No sólo no lo han conseguido sino que han hecho perder el tiempo en absurdas conjeturas sobre el “posfranquismo” y en quiméricas negociaciones para prepararlo, lo que ha facilitado los designios de continuidad del Régimen.

Pese a este fracaso, el antifranquismo institucional no cambia de estrategia y se resigna a seguir en una oposición puramente simbólica... Y así pasan los años hasta que, en 1975, el franquismo -en tanto que Régimen- acaba al morir Franco. Entonces, los prohombres de este antifranquismo institucional se prestan a garantizar a los poderes fácticos su continuidad y privilegios a través de una “transición” sin ruptura. Una “transición” que es un simple cambio de fachada institucional para transformar la Dictadura en Democracia, pero sin restauración de la República. De ahí que los herederos del franquismo la acepten tan fácilmente, puesto que saben, desde hace mucho tiempo, que el franquismo es un anacronismo político y que la “transición” consagra la continuidad de los poderes fácticos y el capitalismo en todo su esplendor.

El antifranquismo resistencial:

Durante todos esos años, los que han decidido resistir al franquismo por las armas, son conscientes de que no es en el terreno político o en el diplomático que Franco puede perder el Poder. Están convencidos de que las Democracias acabarán acomodándose con la dictadura franquista; pero saben que el descontento popular es enorme y que al Régimen le preocupa la continuidad de las acciones resistenciales, porque éstas pueden hacer perder el miedo a la población y el descontento popular transformarse en insurrección.

Las instancias dirigentes de la oposición política también lo saben; pero siguen afirmando que no hay otra alternativa que la “solución pacífica del problema español”. La esperanza de obtener un día el respaldo de las Democracias occidentales les impide ver la realidad, y ni siquiera la brutalidad y la persistencia de la represión franquista les hacen reflexionar y reconsiderar tan quimérica y desmovilizadora actitud. Su resignación y capitulación son tales que, al considerar inoportuno todo cuanto “molesta” a las Democracias victoriosas, llegan incluso a condenar las acciones resistenciales.

Es verdad que los primeros años son terribles para el antifascismo en España, en Europa y en otras partes del mundo. No sólo el totalitarismo nazi-fascista está a punto de imponer su dominación planetaria, sino que, en España, la represión es masiva y brutal: se denuncia, se detiene, se depura, se tortura y se fusila. Por todas partes, pero sobre todo en la zona que fue republicana, se maltrata y se humilla a la gente del pueblo simplemente por suponer que sigue siendo republicana. Esta represión, tiene una dimensión diferente a la que se ha ejercido ya en la zona nacionalista con el pretexto del “terror rojo” (los miembros del clero, militares, falangistas y ricachones fusilados en la zona republicana durante los primeros meses de la Guerra), y no ce cifra en miles sino en cientos de miles.

No es de extrañar pues que, destrozados por los tres años de guerra, por la cruel e implacable represión y por la desunión y la indecisión combativa de las organizaciones antifranquistas, el derrotismo se extienda entre los vencidos. De ahí el aislamiento y el abandono en que se encuentran, en los primeros años de la posguerra, los grupos resistenciales: tanto los que se han quedado en España para continuar el combate guerrillero en las sierras, como los que han entrado para crear grupos de guerrilla urbana en diferentes ciudades y responder, golpe por golpe, a la represión.

No obstante, y pese a esta difícil situación, estos núcleos guerrilleros -constituidos de ex combatientes republicanos (socialistas, comunistas y anarquistas)- tratan de mantenerse en España. Y cuando el sur de Francia es liberado, el Partido Comunista Español crea la Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE), comenzando, el 19 de octubre de 1944, una expedición guerrillera (compuesta de unos 3.000 milicianos) por el Valle de Arán. Esta expedición acaba, diez días después, en una estrepitosa retirada. Por su parte, los republicanos también se han proclamado partidarios de la lucha armada contra Franco, creando, ese mismo año, la Agrupación Militar Republicana Española (AMRE) y la Acción de Fuerzas Armadas de la República Española (AFARE); pero ninguna de las dos llega a protagonizar ni siquiera una tentativa de acción armada.

José Luis Facerías

Entre 1945 y 1949, la polémica en torno a la “lucha armada”, que “moviliza” la atención de todas las fuerzas de la Oposición, es perjudicial para los grupos resistenciales. Sólo algunos grupos, integrados por comunistas o por libertarios, continúan las acciones de resistencia; pero casi exclusivamente en Cataluña. Después, y hasta comienzos de los años sesenta, los grupos que continúan el combate en España son verdaderamente residuales. Lo que aún puede llamarse resistencia armada está reducida a las acciones esporádicas de algunos de los grupos de acción anarquistas que la policía franquista no ha logrado exterminar. Casi todos estos grupos provienen del exilio en Francia y están compuestos por militantes de las juventudes libertarias y de la fracción “apolítica” de la CNT; pero en pocas ocasiones cuentan con un verdadero apoyo orgánico.

La lista de militantes anarquistas que sucumben bajo las balas de la policía franquista es, durante este periodo, larguísima. De ella cabe destacar los nombres de los considerados como los más irreductibles: José Luis Facerías y Francisco Sabater Llopart (El Quico). El primero, abatido en una emboscada el 30 de agosto de 1957 en Barcelona, combatía desde hacía veinte años contra el franquismo. El segundo, herido en la madrugada del 4 de enero de 1960 en un combate en el que mueren cuatro compañeros suyos, es finalmente abatido el día siguiente en San Celoni tras veinticuatro años de combatir armas en la mano al franquismo.

Este episodio causa gran sensación en España y Francia “por ser una pervivencia de los viejos esquemas resistenciales”, y, de cierta manera, pone punto final a una etapa, de la resistencia antifranquista, en la que el protagonismo resistencial ha estado principalmente a cargo de los grupos de acción anarquistas. Y ello porque los comunistas han optado, a partir de 1948, por el abandono de la lucha armada, la liquidación de los últimos focos guerrilleros y la estrategia de infiltración en las organizaciones de masas del franquismo. Y también porque la oposición política clásica sigue conformándose en ser únicamente espectadora...

LA RESISTENCIA DE LOS AÑOS SESENTA Y EL DI

Quico Sabaté

Cuando en 1960 Sabater decide volver a España han caído las dictaduras de Pérez Jiménez, en Venezuela, y la de Batista, en Cuba, despertado nuevas esperanzas en el seno de la oposición antifranquista, del interior y del exilio. En España se ha creado el Frente de Liberación Popular (FLP), que se presenta como “frente antifranquista y organización revolucionaria”. En México, los jóvenes comunistas, socialistas, republicanos y libertarios crean el Movimiento Español 59 (ME 59) y algunos cenetistas, socialistas y republicanos fundan, al margen de sus organizaciones, la Acción de Liberación Española (ALE), exigiendo la unión y la acción. En Francia, los exiliados también despiertan de su letargo y, principalmente, entre los libertarios comienzan a replantearse proyectos de acción. Fruto de estas preocupaciones surge el Movimiento Popular de Resistencia (MPR), con posiciones y propósitos unitarios y combativos.

Apenas transcurrido poco más de un mes de la muerte de Sabater, el 18 de febrero, estallan en Madrid dos bombas y otras tres son encontradas sin estallar. El recientemente creado Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL) reivindica estas acciones. La policía detiene y acusa a Antonio Abad Donoso de ser uno de sus miembros. Abad es ejecutado en la madrugada del 8 de marzo de 1960.

Han pasado ya más de veinte años desde que el franquismo celebró su Victoria, y si bien la sociedad española ha cambiado sociológicamente, políticamente no ha habido ningún cambio substancial. Se habla mucho de “liberalización”; pero el Régimen sigue impermeable a toda idea de apertura -por mínima que ésta sea- en el terreno político y en el social. Sólo se “liberaliza” la economía, y por ello las protestas populares resurgen a partir de 1960. Para desalentar toda veleidad de resistencia, Franco hace promulgar, el 26 de septiembre de 1960, un decreto endureciendo aún más la represión.

A principios de 1961, en la noche del 21 al 22 de enero, el DRIL despierta una inmensa oleada de entusiasmo al apoderarse del trasatlántico portugués Santa María y recordar al mundo la existencia de una resistencia activa contra las dictaduras de España y Portugal. Esta acción tiene una gran repercusión internacional. La hazaña impacta la conciencia del antifranquismo, particularmente en el seno del movimiento libertario por formar parte del comando varios cenetistas. Pasados unos meses, en julio, los jóvenes nacionalistas vascos fundan el movimiento Euskadi Ta Askatasuna (ETA) e intentan sabotear la vía férrea cerca de San Sebastián. El 8 de agosto, El Campesino (el célebre comandante comunista de la Guerra civil) inicia una acción guerrillera, atacando con 13 hombres armados la central eléctrica de Irabia, en Orbaiceta.

Estas acciones confirman el resurgir de tendencias activistas hasta en los medios nacionalistas vascos y en los comunistas. Ante este panorama, el antifranquismo clásico comienza a tomar conciencia de su responsabilidad y de la urgencia de reaccionar… Comienzan a proliferar grupos denunciando el derrotismo del antifranquismo “oficial” y propugnando actitudes más combativas y unitarias. En el seno del Movimiento libertario exiliado comienzan también a oírse de más en más voces con propósitos unitarios y combativos. La militancia critica las posiciones inmovilistas de los comités y acaba poniendo en marcha una dinámica imparable en pro de la unidad confederal. Una dinámica que se concretiza en 1960, en el Primer Congreso intercontinental de Federaciones Locales de la CNT de España en el exilio, a través de una moción que permite dar un paso decisivo hacia la solución del cisma interno: “para no forzar la voluntad de nadie” y “con vistas a dar facilidades” se da “a cada Federación Local la autonomía de procedimientos para su liquidación”.

Así, apoyándose en esta moción, los partidarios de la unidad confederal comienzan a hacerla efectiva en todas las Federaciones Locales en donde la corriente unitaria es mayoritaria y a concertarse para hacerla definitiva en el próximo comicio. La dinámica “pro unidad” se extiende rápidamente a toda la organización, y, aunque aún subsisten antagonismos en otras Federaciones Locales, esta voluntad de unión y de acción se afirma definitivamente en el congreso de la CNT que se celebra en la ciudad de Limoges del 26 de agosto al 3 de septiembre de 1961. A este congreso asiste una delegación directa del Comité nacional de la CNT del Interior ya reunificada.

La presencia de esta delegación, que se pronuncia firmemente por la continuación “de la acción revolucionaria”, no es sólo decisiva para oficializar la reunificación del movimiento libertario en el Congreso sino también para que se apruebe -en sesión reservada y por unanimidad- el dictamen sobre “defensa interior”. Este dictamen, elaborado por Germinal Esgleas, Vicente Llansola y Miguel Celma, propone la constitución de un organismo secreto para relanzar la lucha contra el régimen franquista y afirmar la presencia libertaria en España.

La “reunificación” y la aprobación de este Dictamen despiertan muchas expectativas en el seno de la militancia libertaria. Una buena parte de ella espera que ahora sí se dinamice la lucha contra el franquismo, y, desde finales de 1961, se crean comisiones para recoger fondos para el DI en las Federaciones Locales ya reunificadas. En cambio, el sector opuesto a la reunificación persiste en mantener vivos los conflictos personales que han impedido la reunificación en otras Federaciones Locales: sobre todo en las de Marsella y Venezuela.

Juan García Oliver

A pesar de ello, y tras la aprobación del dictamen de Defensa Interior por la FAI y la FIJL, a principios del mes de enero de 1962 se reúne la Comisión de Defensa del MLE (integrada por los secretarios de la CNT, de la FAI y de la FIJL, más el secretario de coordinación de la CNT) para nombrar a los integrantes del DI. Cada organización presenta una lista y finalmente son nombrados los conocidos cenetistas Germinal Esgleas, Vicente Llansola, Cipriano Mera, Juan García Oliver, Acracio Ruiz, Juan Jimeno y Octavio Alberola en representación de las Juventudes Libertarias.

Los nombres de los miembros del DI sólo debían ser conocidos, en principio, por los integrantes de la Comisión de Defensa; pero, dada la situación conflictiva en el Movimiento, sus nombres comenzaron a circular entre la base, comprometiendo su situación personal e inclusive las tareas que el DI debía realizar. Es verdad que, dadas las circunstancias por las que atravesaba el Movimiento, era importante que el DI estuviese integrado por militantes de sólido historial: no sólo porque era muy importante consolidar la unidad del Movimiento, sino también porque de poco podía servir el criterio de capacidad “técnica” después de más de veinte años de exilio.

Por eso, aunque a la base se le dijo que se les había nombrado porque “por su pasado revolucionario constituían una sólida garantía en cuanto a la seriedad de las tareas específicas que el DI debía realizar”, la realidad es que habían sido nombrados más bien en tanto que representaban a las principales tendencias del Movimiento y para que estuviesen “representadas” las tres principales zonas del exilio: tres (Esgleas, Llansola y Mera) por los libertarios exilados en Francia, uno (García Oliver) por los de América, uno (Jimeno) por los de África del Norte y otro (Ruiz) por los de Inglaterra, puesto que yo representaba a la FIJL.

Dos meses después de haber sido nombrados, los miembros del DI se reúnen con la Comisión de Defensa en un pueblito de los alrededores de Toulouse. A esta reunión sólo ha faltado García Oliver, que ha enviado por escrito (a través mío) su punto de vista sobre la estrategia a seguir para alcanzar los objetivos que al DI se le fijaron. La mañana y la tarde son dedicadas a analizar la situación del Movimiento en el exilio y en el interior de España, así como el contexto político y social nacional e internacional. Esgleas plantea algunas divergencias de tipo ideológico y táctico, pero se aprueba la visión estratégica desarrollada por García Oliver en su escrito. En esta reunión, la Comisión de Defensa queda responsabilizada de aportar, a través de su secretario (el secretario de coordinación de la CNT), los fondos necesarios para sufragar las actividades del DI, que el Dictamen Defensa Interior había evaluado, para una primera fase, a diez millones de Francos (viejos).

Unos días después se reúnen de nuevo los seis miembros del DI, presentes en la primera reunión, para decidir -en función de lo estipulado en el Dictamen Defensa Interior- el modo de funcionamiento del DI y evaluar las posibilidades humanas y materiales que el Movimiento podía ofrecer para aplicar el plan de acción aprobado. En esa reunión, Germinal Esgleas se propone para asumir la responsabilidad de la sección de propaganda y Vicente Llansola para preparar un atentado contra Franco. Los cuatro restantes quedamos encargados de preparar los grupos de acción, y yo, además, debo asegurar la coordinación entre los miembros del DI, así como entre las diferentes actividades... Esgleas recibe 100.000 francos (viejos), para comenzar a preparar las actividades de propaganda, y Llansola recibe un millón de francos (viejos), para organizar el atentado contra Franco. A los cinco miembros restantes se nos atribuyen, en principio, cinco millones de francos (viejos), para comenzar a preparar las actividades que se nos han encomendado; pero, de esta cantidad, el secretario de la Comisión de Defensa (Angel Carballeira)sólo nos entrega 500.000, en dos ocasiones. La razón argüida es que ha entregado todos los fondos a los “compañeros de España”. Pero la verdadera razón es que Esgleas, al constatar la voluntad y empeño de los otros cinco miembros de cumplir los acuerdos y que el DI se le escapa de las manos, ha decidido impedir su puesta en marcha y, para ello, se vale de Carballeira. A esta labor obstruccionista se suma también LLansola y todo el sector opuesto a la reunificación de la CNT.

Al constatar tal propósito, los otros miembros del DI -respaldados por el secretario del Comité Intercontinental (SI) de la CNT y el de la Comisión de Relaciones de la FIJL- deciden mantener el DI y seguir adelante con los planes de acción aprobados. El tiempo es un factor crucial para el relanzamiento de la lucha contra la dictadura franquista, y, por el momento, no se debe perder éste en denunciar orgánicamente a los que actúan de manera tan irresponsable. Hay que dejarlo para más tarde. Lo primero es “recordar” a la opinión pública nacional e internacional que, en España, hay una dictadura, que la represión continua y que en las cárceles hay todavía miles de presos políticos. Y, al mismo tiempo que se recuerda esto, hay que tratar de interesar a las otras fuerzas antifranquistas a sumarse a esta acción. Además, y puesto que Llansola se niega a informar sobre el “avance” de su misión, se decide asumir la preparación del atentado contra Franco...

La reactivación de las acciones resistenciales comienza el 5 de junio de ese mismo año con la explosión de dos bombas en Madrid, una en la Vicaría general castrense y otra en la Nunciatura. El 8 de junio, también en Madrid, estalla una bomba en el Banco Popular Español (Opus Dei). El l3 de junio estalla en Madrid una bomba en el Instituto de Previsión Social (Falange), y, el 30 de junio, en Barcelona, estallan bombas en la Residencia de Monterolas y en el Instituto Nacional de Previsión Social, así como en la Residencia de Falange. Todas estas acciones son reivindicadas por la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL). El 15 de julio estalla una bomba en el balcón de la Casa consistorial de Valencia, desde el que días antes Franco había pronunciado un discurso. El comunicado dice: “te seguimos los pasos”. El 12 de agosto estalla una bomba en la Basílica del Valle de los Caídos, y el comunicado dice: “ni en tu tumba descansarás tranquilo”. Estas dos acciones son reivindicadas por el DI y el MLE. El 19 de agosto, en San Sebastián, explosiona una fuerte carga de plástico cerca de la entrada del Palacio de Ayete, residencia estival de Franco. En la prensa se habla de una tentativa de atentado contra Franco. El comunicado dice: “la próxima ocasión será la buena”. Ese mismo día, en Madrid, estallan bombas en las sedes de los diarios YA y PUEBLO. El 20 de agosto, en Barcelona, estallan bombas en las sedes de los diarios LA VANGUARDIA y ABC. El 23 de septiembre, en Roma, estallan dos bombas incendiarias en la Basílica de San Pedro, poco antes del Concilio Vaticano. El 7 de octubre, en Nueva York, estalla una bomba en la ventana de la residencia del Cardenal Spellman, gran amigo del régimen franquista. Las reivindicaciones enviadas a la prensa recuerdan el apoyo de la Iglesia a Franco. El 29 de septiembre, en Milán, es raptado el vicecónsul Elías para impedir la condena a muerte del estudiante libertario catalán Jorge Conill que había sido detenido unas semanas antes al mismo tiempo que otros jóvenes libertarios de Barcelona, Madrid, Zaragoza y Valladolid. Entre el 2 y el 3 de diciembre estallan bombas en la residencia del gobernador militar de San Sebastián, en el Palacio de Justicia de Valencia, en el Tribunal de Cuentas del Reino de Madrid y en el Palacio de Justicia de Lisboa, así como en el consulado español de Amsterdam. Estas acciones son reivindicadas por el Consejo Ibérico de Liberación (CIL).

Caraquemada

En 1963, en Roma, estallan bombas en las oficinas de Iberia y en la Delegación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, con grandes inscripciones contra el turismo en España. Ese mismo día, en los aeropuertos de Las Palmas, Barcelona y Madrid son saboteados diversos aviones de Iberia y de Aviaco antes de despegar. El 16 de abril, en Valencia y en Alicante, estallan bombas en las oficinas de Iberia, así como en el barco Ciudad de Ibiza que llegaba al puerto de Barcelona. Las acciones de la campaña cpntre el turismo son reivindicadas por el CIL. Pocos días después son detenidos tres jóvenes estudiantes franceses. El 13 de junio, en los aeropuertos de Londres, Frankfort y Ginebra, estallan bombas en los aviones de Iberia y de la Tap antes de despegar. El 29 de julio, en Madrid, estalla una bomba en la Dirección General de Seguridad y poco después otra en la sede de los Sindicatos Verticales. El 1 de agosto, cerca de Port-Bou es saboteada la vía del ferrocarril de Barcelona a Perpiñán. El 2 de agosto, en la zona de Sabadell, se producen varios sabotajes en torres de conducción eléctrica. Al día siguiente, la Guardia Civil abate al célebre guerrillero libertario Ramón Vila Capdevila (“Caraquemada”). Ese mismo día, la prensa española da la noticia de la detención tres días antes en Madrid de los jóvenes libertarios Francisco Granado Gata y Joaquín Delgado Martínez, a quienes la policía franquista acusa de ser los responsables de los atentados del 29 de julio en esa ciudad. La prensa afirma que “ulteriores investigaciones descubrieron que poseían un arsenal compuesto por 20 kilos y 950 gramos de explosivo plástico, una ametralladora, cierta cantidad de balas y un radiotransmisor destinado a provocar explosiones a distancia por medio de onda corta.” (ABC, del 2-8-1963). En algunos comentarios de prensa posteriores se insinúa que ese material podía estar destinado a un atentado contra Franco en preparación.

El 13 de agosto por la tarde las agencias de prensa reciben un comunicado oficial informando de que Granado y Delgado han sido juzgados ese día por un Consejo de Guerra Sumarísimo (“El proceso ha sido abierto sin previo aviso a la prensa, a las 8 de la mañana, y los debates han sido llevados con toda rapidez.” Le Monde, del 14-8-1963) y que se les han impuesto condenas a muerte. Cuatro días más tarde, un nuevo y escueto comunicado oficial enviado a la prensa anuncia su ejecución.

La muerte de Caraquemada y luego la rápida ejecución de Granado y Delgado caen como un mazazo sobre los libertarios. No han podido organizar grandes manifestaciones de protesta -como las que se organizaron en el caso del comunista Julián Grimau-, ya que se está en pleno mes de agosto, con más de media Europa de vacaciones... Además, las presiones de las autoridades francesas sobre el SI se vuelven imperativas y éste decide suspender la ayuda económica al DI para paralizar “provisoriamente” sus acciones. En tales condiciones, el DI se ve en la imposibilidad de reaccionar, como se hizo en el caso Conill, y ni siquiera puede tomar las medidas de seguridad que la situación exige, pues se tiene conciencia de que la represión no se ejercerá exclusivamente en España.

Efectivamente, el 11 de septiembre, apenas terminado el periodo vacacional, las autoridades francesas inician una redada de detenciones contra responsables y militantes conocidos de la FIJL en todo el territorio francés. Son detenidos más de sesenta jóvenes libertarios y dos viejos compañeros de la CNT, Cipriano Mera y José Pascual, cuya vinculación con el DI es “conocida”. La mayoría de los detenidos recupera la libertad pocos días después; pero 21 quedan en prisión bajo la acusación de “asociación de malhechores”.. Cipriano Mera es dejado en libertad gracias a su avanzada edad y estado de salud. El objetivo de esta medida represiva es evidente para todos: satisfacer las exigencias franquistas y ejercer presión sobre la CNT, que debe celebrar en el mes de octubre un congreso en Toulouse, para que abandone la línea de acción aprobada en 1961 y ponga fin al DI. Prueba de ello es que, una vez terminado el Congreso y al quedar el SI en manos del sector opuesto al DI, las autoridades francesas proceden a liberar a uno tras otro a los jóvenes libertarios detenidos y a José Pascual, sin que en ningún momento hayan sido objeto de una verdadera instrucción judicial.

La represión en España y Francia y el obstruccionismo del sector confederal inmovilista logran su objetivo, parar la acción del DI; pero no su continuidad orgánica... El sector inmovilista, con Esgleas a la cabeza, ha aprovechado la ocasión para retomar las riendas de la CNT y de la Comisión de Defensa en el congreso –que las autoridades franceses no suspenden-, y dejar al DI definitivamente sin recursos para actuar; pero no ha podido impedir que las delegaciones asistentes al congreso aprueben la gestión del DI y, en consecuencia, su continuidad... La explicación es simple: ni Esgleas ni Llansola han informado, antes o en el curso del congreso, de que son dimisionarios del DI y de que han sido impugnados por los otros miembros de este organismo.

El hecho es que en el congreso se han tomado dos decisiones contradictorias: aprobación de la gestión del DI y nombramiento, para los cargos del SI, de Esgleas y Llansola que, además de ser dimisionarios del DI, están impugnados por los otros miembros de este organismo.

El problema orgánico es pues serio, ya que Esgleas y Llansola han dimitido por estar opuestos a la continuidad del DI y han recibido como mandato del Congreso el de proseguir cumplimentando el dictamen “Defensa Interior”. Pero ni el uno ni el otro reconocen esta incompatibilidad, sino que, al contrario, se apresuran a tomar posesión de sus cargos en el SI para controlar el funcionamiento de la organización confederal e impedir que la impugnación contra ellos sea debatida. De ahí que dedique todos sus esfuerzos y gestión -que, con diferentes excusas, prolongan de un año- a “justificar” sus dimisiones y el incumplimiento de las misiones que se habían auto asignado en el DI, además de seguir exacerbando el enfrentamiento interno para “justificar” el incumplimiento del acuerdo del congreso de continuidad del organismo conspirativo y preparar su entierro “orgánico”.

EL ENTIERRO DEL DI Y EL RELEVO JUVENIL

Este entierro se produce en el Congreso de Montpellier que, por fin, comienza el 31 de julio de 1965 cuando Esgleas está seguro de contar con un número suficiente de delegados, de pequeñas Federaciones Locales adictas, para disponer de una mayoría de votos. Para ello no ha dudado en realizar una intensa campaña electoral (una de las curiosas innovaciones introducidas en los medios libertarios por el esgleísmo) centrada en la "salvación de la Organización", además de asegurarles, a las delegaciones afines, los gastos de desplazamiento y estancia (otra innovación esgleísta). El hecho de haber escogido Montpellier como sede del congreso es porque esa región y la de la cercana Provenza estaban controladas por sus afines.

Desde la primera sesión comienzan los enfrentamientos para nombrar la Comisión de Escrutinio y la Presidencia del congreso. Para les delegaciones esgleístas, la única posibilidad de salvación del anarquismo español es el “purismo” ideológico que encarna Esgleas y la aplicación de “reglas sanitarias, higiénicas, definitivas, contundentes” para expulsar del movimiento a todo militante que no esté de acuerdo con esta línea. Para las otras delegaciones, tanto para las que defienden al DI como para las que simplemente no aceptan la ortodoxia e inmovilismo esgleísta, el anarquismo no debe ser sectario y su futuro depende, precisamente, de su capacidad de actuación en el contexto político y social de su época.

El enfrentamiento es cada vez más virulento, y tras apoderarse de la Presidencia del congreso y de la Comisión de Escrutinio, los esgleístas dedican las primeras sesiones a la eliminación de delegados que habían sido ya objeto de las “reglas sanitarias” (expulsiones) en ciertas federaciones locales y regionales por ellos controladas, y que el SI esgleísta había propiciado. En buen conocedor del estado de ánimo de la organización y de la mecánica orgánica, Esgleas había dejado podrir estos conflictos locales y regionales para que el congreso se desarrollase en un clima de enfrentamiento tal que toda posibilidad de analizar serenamente esos casos y el de la impugnación fuese imposible. Esgleas sabe que su mantenimiento en los cargos (retribuidos) de la Organización depende de ello, y a conseguir tal objetivo dedica todo su tiempo y energía, sin ningún escrúpulo ni problema de conciencia. De ahí que llegue hasta a la ruptura con la organización juvenil (la FIJL) cuando ésta le exige, en la Comisión de Defensa, que él y Llansola den cuentas de su dimisión del DI y pongan sus cargos, en el SI, a disposición de la Organización mientras se estudia y se resuelve la impugnación por incompatibilidad. Y no sólo rompe con la FIJL, sino que utiliza esta ruptura, con los jóvenes, que propician y reclaman el rejuvenecimiento y puesta al día del Movimiento, para presentarse en defensor intransigente de la trilogía “principios, tácticas y finalidades”, que sirve de tapadera ideológica a los que siguen viviendo en el pasado y en el inmovilismo. Esgleas sabe que a estos militantes les arregla este simplismo ideológico y el inmovilismo que él encarna, pues el envejecimiento y los muchos años de exilio les han acostumbrado a una militancia poco comprometedora. Por ello, para conservar su cargo, se permite toda clase de manejos y actitudes impropias de libertarios. Así, al comienzo de su informe al congreso, Esgleas se permite decir que todo ataque contra el SI es un ataque contra la CNT (“De todo lo que se hace y se dice en contra de un Secretariado Intercontinental no es el SI finalmente el perjudicado, sino toda la Confederación Nacional del Trabajo, todo el pueblo español.”). Y más adelante, para justificar el por qué, pese a estar impugnado, había aceptado hacerse cargo del SI, no tiene ningún empacho en presentarse en defensor de la independencia de la CNT.

En su informe al congreso, Esgleas dice:

“(...)En todo momento hemos querido mantener la independencia de la CNT, la hemos mantenido y la hemos defendido, se defenderá siempre que se atente contra ella, venga este atentado de donde viniere. Cuando antes de tomar posesión de nuestros cargos se nos hace la guerra por el hecho de haber aceptado; cuando casi tres meses después del Congreso de 1963, nos viene una representación -que no era de la CNT- a rogarnos "muy fraternalmente", según ellos, que no tomáramos posesión de los cargos hasta que ciertas cosas fueran aclaradas, cosas ignoradas por este Secretariado, pensamos y les dijimos que no podíamos aceptar esta imposición. Y en virtud de ese concepto obramos y se ajustó nuestra conducta. No puede admitirse otra cosa para no sentar el precedente de que unos compañeros nombrados en un Congreso dejen de ocupar sus puestos por el veto que ponga una organización ajena (...).”

¡Esta organización “ajena” era la FIJL, que con la CNT y la FAI integraban la Comisión de Defensa del MLE que había nombrado a los miembros del DI, y ante la cual había sido presentada la impugnación contra Esgleas y Llansola por los otros miembros del DI que continuaban en sus puestos!

Claro es que a las delegaciones esgleístas les importaba muy poco lo insuficiente de esta “explicación”, pues habían venido al Congreso decididas a imponer la orientación esgleísta aunque fuese a costa de dividir una vez más a la CNT y al MLE.

El día 5 de agosto por la tarde, después de cinco días de agrios y violentos debates, comienza la primera “sesión reservada” dedicada a la elucidación del llamado “problema interno”. A ésta siguen cinco más; pero, a pesar de que se deja hablar a los impugnadores, las delegaciones esgleístas permanecen sordas a sus argumentos. Para ellas, como para Esgleas y Llansola, no era incompatible haber dimitido del organismo conspirativo y haber aceptado después, en el Congreso de 1963, los cargos del SI a pesar de que éste había aprobado la gestión y la continuidad del DI. Como tampoco consideraban grave no haber hecho absolutamente nada, durante su año y medio de gestión al frente del SI, para cumplimentar este acuerdo o para denunciarlo...

El hecho es que la “mayoría” esgleísta termina la quinta “sesión reservada” aprobando, en medio de gritos, insultos y amenazas, una resolución de circunstancias que, tras ratificar su confianza a los impugnados (Esgleas y Llansola) “no aplica sanciones” a los impugnadores (Mera y Alberola) (1). En un ambiente tan enrarecido, y al oponerse los esgleístas a reconsiderar esta moción, todas las delegaciones que no quieren caucionar un tal proceder se retiran del Congreso.

Así, ya sin oposición y para que el DI quede definitivamente enterrado, Esgleas hace aprobar la anulación del dictamen de “Acción directa y revolucionaria” aprobado en 1961, que él y sus incondicionales, Llansola y Celma, habían elaborado.

Pero lo que los esgleístas entierran en Montpellier no es tanto el DI como la voluntad de transformar en acción. los acuerdos de lucha contra la dictadura franquista. Por eso, después de Montpellier, la CNT y la FAI vuelven a instalarse en la rutina de aprobar y ratificar acuerdos, en la demagogia y el inmovilismo de antes.

Años después, en su libro de memorias “El eco de los pasos”, Juan García Oliver escribió lo que sigue:

“(…) El DI, que agrupó a unos muy viejos militantes de probado historial revolucionario, con otros jóvenes e inteligentes miembros de las juventudes, realizó una acción de seis meses de duración(…) Fueron, al parecer, solamente seis meses de acción conjunta del DI, brazo armado de la Organización. Hubiese sido menester, por lo menos, un año más para poder terminar la obra emprendida, que no era otra que acabar, a como diese lugar, con la dictadura en España. Desgraciadamente era una lucha que reclamaba la aportación abundante de medios económicos. Ricos siempre de hombres luchadores, pobres siempre en medios económicos, hubieron de suspender la empresa de la liberación de España. Sin embargo, aquella fue la única vez que la Organización se enfrentó con la Dictadura. Y la única también que una organización española, antes de la ETA, emprendiera una lucha colectiva contra el franquismo organizado(…) Se hizo la unidad, se creó el DI, se luchó incipientemente y cuando debía darse un salto más fuerte correspondiendo a la lógica superación de una primera etapa de ensayo, se acabó todo : hasta la unidad, porque otra vez aparecieron las disensiones, las divergencias y las incompatibilidades (…)”

Por supuesto, terminado el vergonzoso congreso de Montpellier, que puso en evidencia la esterilidad de la lucha contra la gerontocracia libertaria exiliada, la FIJL abandonó definitivamente la Comisión de Defensa del MLE y decidió continuar la lucha activa contra el franquismo iniciada por el DI.

Comenzó entonces una nueva etapa en la que los jóvenes libertarios lograron, tras las espectaculares acciones del “Grupo Primero de Mayo”, no sólo poner en jaque al régimen franquista, sino reactualizar el antiautoritarismo que dio, al Mayo del 68, su radicalidad libertaria.

Pero, de esa etapa, hablaremos en otra ocasión...


Octavio Alberola


(1) Es en el curso de esta sesión (del Congreso de Limoges de 1965) que exigí se esclareciera el bulo que los esgleistas habían lanzado para acusar a Cipriano Mera de haberse quedado con 5000 francos (viejos) de la Organización. Lo grave es que a pesar de haberse esclarecido ante todas las delegaciones (de ahí que en el "acuerdo final", no aceptado por las delegaciones que abandonaron el Congreso, los esgleistas no se atrevieran a expulsarnos) que esa cantidad me la había dado a mi el compañero Marcelino Boticario, secretario de la Comisión de Defensa, en septiembre de 1963 (tras las detenciones en Francia) para que me volviera a México, el sector esgleista siguió propalando tal bulo contra el compañero Mera. Cuando digo que quedó esclarecido es porque mi intervención denunciando el bulo fue confirmada por los compañeros Boticario y Santamaría, secretario general del Intercontinental, miembro también de la Comisión de Defensa.
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